Coworking empieza por CO. Antonio González (Impact Hub)

Ante su imparable crecimiento y el interés del sector inmobiliario en el alquiler de espacios orientados al trabajo flexible, parece existir el riesgo de que el coworking se desvirtúe. Poner el énfasis en la parte colaborativa, que tanto peso tuvo sobre todo en las raíces del sector, es ahora más necesario que nunca, según Antonio González, CEO de Impact Hub Madrid.

Imaginar a los espacios de coworking inmersos en una carrera de unos contra otros resulta descabellado teniendo en cuenta los valores en los que el surgimiento del sector se enraizaba: el movimiento ciudadano, la transformación local con impacto global, la experiencia colectiva y el espíritu emprendedor más innovador. Estos valores se recogían en los ocho principios del manifiesto coworking y se anteponían a algunas ideas ligadas al mercado de trabajo tradicional:

  • Colaborar en vez de competir
  • Comunidad en vez de agendas
  • Participar en vez de observar
  • Hacer en vez de decir
  • Amistad en vez de formalidad
  • Atrevimiento en vez conformidad
  • Aprendizaje en vez de experticia
  • Personas en vez de personalidades
  • "Ecosistema de valores" en vez de "cadena de valores"

 

En el momento actual, no obstante, se han producido cambios notables dentro del coworking que podrían alejarlo de algunas de estas premisas: centros de negocio con coworking, espacios de coworking con despachos, el real state como servicio o la incursión del mundo corporativo parecen marcar el nuevo compás del sector. ¿Tendríamos que hablar de la muerte del coworking?

Quizá sea más apropiado hablar de transición, una transición ligada a las propias corrientes sociales que han cobrado protagonismo en los últimos años, influyendo en todos los ámbitos de la sociedad: educación, salud holística, consumo ecológico, medio ambiente, movilidad urbana o feminismo son solo algunas de ellas. Ante este panorama dos deseos aparentemente irreconciliables coexisten en la mente de los gestores: mantener la identidad y desarrollar una capacidad de transformarse de forma continua. Dos visiones que en su extremo dan lugar a puntos de vista radicalmente alejados (purismo versus renovación constante de las dinámicas del trabajo), pero que en realidad no tienen por qué ser incompatibles.

Lo incuestionable es que el coworking como sector ha pasado de situarse en la periferia del mundo empresarial a estar en la agenda de grandes empresas e inversores. Un cambio directamente relacionado con el boom de los espacios de trabajo flexible: en Madrid y Barcelona se ha producido un aumento del 71% de este tipo de espacios, según el informe Cushman&Wakefield, 2018.

 

LARGA VIDA AL COWORKING

Y sí: podríamos decir que hay un coworking que ha muerto, pero lo ha hecho para renovarse y lanzarse a la conquista de nuevos territorios. En este sentido, podemos trazar 4 rutas de trabajo para esta nueva realidad:

1. Industrialización. Real state como servicio y crecimiento vertiginoso en metros cuadrados son clara muestra de ella.

2. Especialización de los espacios. Tecnológicos, creativos, familiares, rurales… La comunidad se crea en base a un denominador común que hace que resulte más consistente.

3. Exploración. Se perfilan nuevos modelos que parecen ir un paso más allá en el concepto de colectividad (co-living, co-village, co-being). Interesante, ya que posiblemente esté inmerso en iniciativas eco que también generarán un consumo más responsable.

4. Colaboración radical. Conexión de redes y comunidades más allá de los espacios.

En el actual momento de expansión es prioritario no caer en el “crecer por crecer” y recuperar el CO mediante una serie de nodos de colaboración:

  1. Futuro del trabajo. Es importante aunar esfuerzos, haciendo conexiones y no divisiones. Aunque existan particularidades, el foco debe ser siempre la unión. La asociación ProWorkSpaces o el congreso Coworking Spain Conference son dos casos de la naturaleza colaborativa del sector. También lo son libros como The Future of Work o Historias de Hosting. Como ejemplo del efecto transformador y activador que el diseño del espacio puede tener en las dinámicas de trabajo destaca el caso de Estudio Banana.
     
  2. Propósito Sostenibilidad e impacto. El peso de una economía de propósito va en aumento: en este sentido, destaca el certificado
    B Corp, que reconoce a las empresas que utilizan sus capacidades para contribuir a resolver problemas sociales y medioambientales. Estos valores son prioritarios para Impact Hub: de hecho, cada uno de los espacios de Impact Hub Madrid está vinculado a un objetivo de desarrollo sostenible para generar una conversación sobre ello.
     
  3. Cambio glocal, red internacional. Se están produciendo cambios en todo el mundo que están contribuyendo a llevar a cabo toda la transformación. En el caso de Impact Hub, como no son franquicia sino una asociación internacional de centros de coworking, todos los espacios tienen que trabajar de una forma colaborativa generando sinergias.
     
  4. Recuperar el CO. El aspecto en el que se debe hacer especial hincapié y la garantía de que el coworking no pierda su razón de ser, aunque atraviese un gran número de cambios. Colaboración, comunidad, compartir, conectar, cocrear.

Con el fin de compartir su reflexión sobre los valores inherentes al coworking, Impact HUB elaboró un manifiesto en el que destacaba e incidía en la importancia del CO: Manifesto Impact Hub Global Gathering 2019.

Y es que en esta nueva era del coworking es crucial mantener el espíritu colaborativo que originó la aparición del sector, identificando y perfilando nuevos nodos de colaboración. El impacto no puede darse en solitario: requiere una acción colectiva.

 

Post basado en la participación de Antonio González, CEO de Impact Hub Madrid, en Coworking Spain Conference 2019.

 

 

 

 

 

 

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