La visión de coworking de la mediana y gran empresa. Rubén Carreño (CBRE)

El interés por el coworking ya no es exclusivo de la micro empresa y el freelance: cada vez son más las organizaciones de mayor tamaño que miran de soslayo al sector en busca de fórmulas flexibles que puedan ser aptas para la gran empresa. Rubén Carreño, Advisory Director de CBRE, compartió en Coworking Spain Conference 2019 un análisis de las oportunidades e inconvenientes que apostar por soluciones flexibles puede tener para las empresas de mediano y gran tamaño.  

Lo primero que cabe preguntarse es cómo una empresa empieza a sentirse atraída por el coworking. El interés puede partir de distintas variables y siempre según sus prioridades. En este sentido podríamos decir que se trata de un acercamiento “natural” dadas las prioridades de las organizaciones al buscar espacios y dinámicas de trabajo: captación y retención de talento, gestión de equipos y reducción de costes, todo ello en perfecta consonancia con los valores corporativos, son algunas de ellas según se desprende del estudio realizado por CBRE en 2019. Start ups, empresas en crecimiento, compañías en momento de restricción de gastos o aquellas que basan su estrategia en la innovación encuentran en los espacios de coworking la respuesta a muchas de sus necesidades específicas (flexibilidad, networking, reducción de costes y ubicación, entre otras).

 

¿Pero qué es coworking?

Como fenómeno, el coworking gira en torno a dos ideas principales:

  1. Espacio flexible: uso de un espacio de distintas formas en función de las necesidades de sus ocupantes.
  2. Coworking: filosofía de trabajo y de vida que permite a profesionales de diferentes sectores compartir un mismo espacio de trabajo sin perder su independencia.  

Entonces, ¿entienden realmente las empresas el concepto de coworking? ¿Son capaces de ver todas las posibilidades que puede brindarles? En este momento, el interés se centra principalmente en el uso del espacio flexible (tendencia que se extiende entre las empresas de todos los países y sectores), la reducción de costes y la ubicación estratégica de la mayoría de estos espacios.

Por otro lado, las políticas de trabajo flexible también se están extendiendo a nivel mundial, con un 62% de empresas que disponen en la actualidad de políticas de espacio flexible, según datos del estudio global sobre espacios de trabajo de IWG: The Annual IWG Global WorkSpace Survey. En cuanto a los países más adelantados en este sentido, destacan Alemania (80%) Países Bajos (75%) Australia (71%) y Estados Unidos (69%). España ocupa la novena posición con un 61% de empresas que tienen en marcha políticas de espacio flexible. En relación a este dato y para arrojar luz sobre estas cifars, no obstante, habría que matizar qué entienden las organizaciones por espacio flexible. Según este estudio, el rasgo principal que caracteriza a una política de espacio flexible varía según la corporación, existiendo 4 aspectos principales que establecen las empresas como propios de estos modelos: elección de tipo de espacio de trabajo (27%), gestión del horario laboral (21%), selección de ubicación del trabajo (26%) y gestión autónoma de la carga de trabajo (26%).

Asimismo, sí podemos detectar que para las empresas el coworking puede ser una herramienta estratégica en la consecución de objetivos como la captación de talento, la reducción de costes o la mejora de la experiencia del empleado a través del espacio físico. Y en lo que parece haber casi unanimidad es en el impacto positivo que tiene en la productividad: un 85% de los negocios que han hecho uso de políticas de espacio flexible afirma que ha tenido un aumento de productividad. En España, un 70% de las organizaciones cree que implantar políticas de espacio flexible puede repercutir en un aumento de alrededor del 20% en su productividad empresarial, según se desprende de  The Annual IWG Global WorkSpace Survey.

Con la popularización del sector, también crecen las alternativas existentes: modelos flexibles, despachos privados o semiprivados y open spaces son algunas opciones que ofrecen los centros de coworking y que resultan más o menos ventajosas en función de la empresa, de su sector de actividad y/o del área que desarrolla cada equipo de trabajo dentro de la misma (marketing, recursos humanos, finanzas, etcétera).

 

¿Es el coworking más barato al alquiler tradicional?

Siendo la productividad y la eficiencia de costes los objetivos que la mayoría de las empresas persiguen con el corworking, es lógico preguntarse hasta qué punto el uso de estos espacios garantiza una reducción de gastos respecto a los modelos de alquiler tradicional. Para saberlo, hay que prestar atención a algunas variables: ubicación, número de empleados, duración de contrato, expectativas de crecimiento y grados de incertidumbre. Tomar estos aspectos como factores de influencia nos permite calibrar la rentabilidad de este tipo de política para nuestra empresa.

Así, por ejemplo, en el caso de una empresa en crecimiento (100 empleados, en crecimiento, 5 años de duración de contrato y un crecimiento en torno al 2,5%) optar por un espacio flexible podría permitir un ahorro significativo. Sin embargo, en el caso de una empresa “estable”, (100 empleados, 10 años de duración de contrato, 0 crecimiento…) el espacio flexible podría no solo no ser tan ventajoso, sino incluso incrementar los gastos con respecto a un alquiler tradicional.

Por último, y aunque habría que analizar cada caso, sí se puede perfilar de forma generalizada una serie de ventajas y retos para las empresas que opten por el coworking en detrimento de los espacios tradicionales:

  • Aspectos Económicos: permiten minimizar o eliminar la inversión en activos físicos (CAPEX), aunque exigen una gestión eficiente de la ocupación y de los consumos.
  • Aspectos tecnológicos: la inversión en infraestructura es más limitada, aunque requiere la integración de los sistemas de comunicación del espacio de coworking y de la empresa.  
  • Aspectos Culturales: propician la evolución de la cultura corporativa hacia innovadoras formas de trabajo, si bien puede producirse una fuga de talento, al mantener a los miembros del equipo en contacto diario con una comunidad “externa”.

No parece haber duda de las ventajas que provee el coworking a las grandes corporaciones, pero éstas aún están en un momento de adaptación. La evolución que plantea el coworking implica un coste de transición además de un mayor nivel de madurez. Actualmente, muchas corporaciones aún están inmersas en sacar a los jefes de los despachos: aceptar que un miembro del equipo esté a kilómetros de distancia aún es un paso demasiado grande para las mentes más conservadoras.

En cualquier caso, existen sectores que abrazan más este cambio de paradigma: el tecnológico, en continua renovación por su propia naturaleza, y el bancario, enfocado en los últimos tiempos en innovar, son ejemplos de ello. Y es que en general, cualquier compañía que valore la innovación como un aspecto diferencial puede encontrar en el coworking una palanca de cambio. No existe una solución universal, sino que cada empresa ha de definir su modelo en relación a sus idiosincrasia y valores corporativos, por un lado, y a sus objetivos de negocio, por otro.

 

*Artículo basado en la participación de Ruben Carreño, Advisory Director de CBRE.

 

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