Qué es el coworking y su historia.

 

“¿Eso del coworking qué es?” preguntaba mi padre al principio de esta aventura. Fue entonces cuando me di cuenta de que no todo el mundo está cómodo con este tipo de anglicismos. Es uno de tantos “palabros” que el mundo de la empresa nos pone sobre la mesa: marketing, sponsor, branding, SEO, target, freelance, brainstorming, know-how… son muchas de estas palabras que todos hemos escuchado en algún momento y que no siempre estamos seguros de qué representan.

Pues bien, la palabra coworking es, literalmente, trabajar con varias personas en un mismo espacio, o, para entendernos mejor, en una misma oficina, compartiendo recursos y capacidades. Sin embargo, nos gusta llamarlo “espacio”, ya que el término “oficina” limita la extensión del mismo y olvida la idea de una relación cercana y el hecho de compartir algo más que un despacho.

A grandes rasgos, se trata de compartir el espacio de trabajo, utilizar la misma oficina entre diferentes profesionales de la misma o diferentes empresas y de distintos sectores. De esta forma se comparten gastos y servicios a la vez que se fomenta la relación entre distintos sectores y proyectos y las colaboraciones. Además, un espacio como éste invita al movimiento, al compañerismo, a la innovación y a la implicación social. Un coworking tiene un impacto beneficioso para su comunidad (los coworkers que lo componen), su barrio y su localidad.

Pero el coworking es mucho más que eso. La verdadera finalidad es la de crear un entorno y una comunidad de coworkers, un espacio que fomenta el networking, las colaboraciones, el crecimiento y la creatividad. Se busca huir del aislamiento que existe en una oficina tradicional o en la propia vivienda; la máquina del café dejará de ser tu mejor amiga y la nevera tu mejor consejera. No se te volverá a caer la casa encima.

Sin embargo, el coworking no es tan joven como lo pintan. Existe documentación que data de los años 1600 en la que ya se hablaba de coworking como una colaboración entre Dios y sus súbditos. Pero, es a mediados de los 90, en 1995, cuando nace uno de los primeros espacios considerados como coworking en Berlín, Alemania. Allí se funda la C-Base e.V. que inicia el proyecto “BerlinBackbone” con un espacio en el que distintas personas que se conocían y ejercían su trabajo bajo el mismo techo, a modo de comunidad.

Bernie DeKoven es considerado por muchos el padre del coworking. Fue el primero en utilizar este término en 1999 para referirse al trabajo juntos y la colaboración gracias a las posibilidades que nos daban los ordenadores. Además, ese mismo año nacen las primeras oficinas compartidas: 42 west 24, Nueva York Share (oficinas compartidas en Nueva York).

Durante la primera década del año 2000 cuando empiezan a aparecer muchos espacios coworking. En 2002, sólo tres años después de que Bernie le diera vida al término, es en Europa donde se les ve crecer. En Austria aparece  Schraubefabrik, un espacio pensado para la comunidad de trabajadores que lo fundaron: arquitectos, relaciones públicas, cooperativas, freelancers o micro-empresas. De esta forma podían dejar de trabajar en casa y pasar a un espacio más amable. Ellos mismos proclaman a dicha comunidad como la madre del coworking.

En 2005 se abre en San Francisco el primer espacio de coworking como tal de la mano de Brad Neuberg, que ofrecía de 5 a 8 escritorios un par de días a la semana y diferentes servicios como; red wifi, salas de meditación, paseos en bicicleta, masajes o comidas compartidas. El espacio cierra solo un ejercicio después dando paso a Hat Factory; este era el primer espacio coworking a tiempo completo, ofreciendo la libertad de un freelance pero con todos los recursos necesarios para un lugar de trabajo. Este espacio dio lugar a su vez a Citizen Space, que sigue abierto, con sedes en Las Vegas, California y San Francisco.

Google entra en escena y el coworking se pone de moda. El término empieza a formar parte de la base de datos de Google y de otros buscadores. En 2007 se considera como tendencia y esto desencadena un aumento del volumen de búsquedas y de otros términos relacionados como “nómadas digitales”, “oficina compartida” o “espacios de trabajo compartido”. Durante los años siguientes el coworking se relaciona directamente con Estados Unidos. No es hasta 2010 cuando se tiene en cuenta en Europa.

Ya en los últimos años podemos ver la consolidación de este tipo de espacios, el reconocimiento del modelo de trabajo por todo el mundo y el gran abanico de oportunidades que ofrece esta clase de servicios. Gracias a Coworking Spain podemos saber que en España había a cierre de 2016 más de 1.500 espacios de coworking. En 2010 eran alrededor de 50. Gracias al portal estadístico por excelencia, Statista, sabemos que en 2017 existían más de 13.800 espacios por todo el mundo.

En este tipo de espacios hay diferentes zonas de trabajo. Suele componerse de 3 espacios principales: la zona de trabajo abierta, hotdesk o freedom (Zona Vortex en nuestro espacio), donde encuentras mesas amplias compartidas con el resto de coworkers y un ambiente más distendido; una zona privada en la que encuentras escritorios personales y un ambiente más tranquilo (Zona Focus en nuestro espacio, Vortex Coworking); las salas de reuniones; una zona social que puede incluir una cocina, cafetería o zona de descanso. Al mismo tiempo algunos tienen la modalidad de "oficina virtual", que ofrece visibilidad, ahorro de costes y mayor flexibilidad.

También encontraremos distintos tipos de coworkers: aquellos fijos o de oficina, que actúan como cualquier trabajador tradicional cumpliendo un horario; el coworker flexible que no tiene hora de entrada u hora de salida; y, el coworker nocturno, aquel que prefiere trabajar más allá del horario vespertino. Sin olvidarnos de lo que ahora denominan “nómadas digitales”, aprovechando las posibilidades que ofrece la red hoy en día: reuniones online y poder trabajar a distancia desde cualquier parte del mundo.

En resumen, los espacios coworking son “aceleradores de la casualidad” que se han expandido por todo el mundo durante los últimos años y que ofrece un sinfín de posibilidades. Se diseñan para albergar a personas creativas, sociables, emprendedoras y con ganas de aprender. Se construyen para romper con el aislamiento y crear un buen ambiente de convivencia, favoreciendo la colaboración y las reuniones sociales. Las fronteras desaparecen dejando sitio a la hibridación entre empresas, ya sea por sector económico, tecnológico o social. Además, las mismas instalaciones pueden organizar eventos, cursos o talleres que complementen la formación de los coworkers que forman parte de la misma comunidad. Un lugar donde emprendedores y empresas conviven compartiendo experiencias y recursos.

 

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